El precio de la vivienda en España da señales de desaceleración en agosto, pero todavía está lejos de poder hablarse de una bajada generalizada. Los precios se mantienen estables respecto a julio, mientras que en términos interanuales continúan creciendo con fuerza.
Según los últimos datos de Tinsa, el precio de la vivienda nueva y usada aumentó un 14,9% respecto a agosto del año anterior. Sin embargo, la evolución mensual apunta a un posible cambio de ritmo: después de meses de fuertes incrementos, el mercado comienza a mostrar signos de agotamiento en algunas de las zonas más tensionadas.
La pregunta que muchos compradores, vendedores e inversores se hacen ahora es evidente:
¿Estamos ante el principio de una bajada del precio de la vivienda en España o simplemente ante una pausa antes de nuevas subidas?
El dato más llamativo es que el precio de la vivienda permaneció prácticamente estable en agosto respecto a julio.
Esto puede parecer poco relevante, pero después de la escalada experimentada durante los últimos meses merece atención.
No estamos, eso sí, ante una caída generalizada. El mercado inmobiliario español continúa registrando un crecimiento interanual muy elevado. El 14,9% de subida anual demuestra que comprar una vivienda sigue siendo considerablemente más caro que hace un año.
Por tanto, conviene diferenciar dos conceptos:
Desaceleración: los precios siguen subiendo, pero cada vez menos.
Corrección: los precios comienzan a bajar de forma sostenida.
Los datos actuales apuntan claramente al primer escenario.
La evolución no es igual en todo el territorio.
Las Islas son la zona donde se observa una mayor moderación mensual, con una caída del 0,9% en agosto. También las grandes capitales y ciudades presentan una desaceleración más acusada.
Tiene cierta lógica.
Son mercados donde el precio de la vivienda ha alcanzado niveles muy elevados y donde el esfuerzo necesario para comprar una casa es especialmente importante. Cuando una parte creciente de los compradores deja de poder asumir los precios actuales, la demanda comienza a encontrar un techo.
En el extremo contrario se encuentran la costa mediterránea y las áreas metropolitanas, que continúan liderando el crecimiento anual con un 17,4%.
Esto demuestra que hablar de “el mercado inmobiliario español” como si fuera un único mercado puede resultar engañoso.
Madrid, Barcelona, las islas, la costa mediterránea o determinadas zonas metropolitanas pueden encontrarse en fases muy diferentes del ciclo inmobiliario.
A pesar de la moderación, hay un dato que no debemos perder de vista.
Todas las categorías analizadas continúan registrando crecimientos interanuales superiores al 10%.
Incluso el grupo con menor incremento, el denominado “resto de municipios”, registra una subida anual del 10,2%.
Por tanto, hablar actualmente de un desplome inmobiliario sería exagerado.
Lo que tenemos delante es un mercado que sigue siendo alcista, pero que empieza a mostrar síntomas de pérdida de velocidad.
Y esa diferencia puede ser muy importante para lo que suceda durante los próximos meses.
Aquí encontramos uno de los datos más interesantes.
En términos nominales, el valor medio de la vivienda nueva y usada ya está aproximadamente un 2% por encima de los máximos registrados durante la burbuja inmobiliaria de 2007.
Pero esta comparación necesita una segunda lectura.
Si tenemos en cuenta la inflación acumulada durante los últimos casi veinte años, el valor de la vivienda se encuentra aproximadamente un 32% por debajo de aquel máximo en términos reales.
Es una diferencia fundamental.
Que una vivienda cueste hoy más euros que en 2007 no significa necesariamente que su precio sea superior en términos de poder adquisitivo.
De hecho, el comportamiento varía considerablemente según el territorio. Las Islas ya estarían aproximadamente un 25% por encima de los máximos nominales de 2007, mientras que las grandes capitales y ciudades se sitúan alrededor de un 4,2% por encima.
Más allá de las cifras de precios, existe una cuestión que considero mucho más importante: la accesibilidad a la vivienda.
Porque el problema no es únicamente cuánto cuesta una casa, sino cuánto cuesta en relación con los ingresos de una familia.
Si los precios inmobiliarios aumentan mucho más rápido que los salarios, cada año resulta necesario dedicar una mayor parte de los ingresos a comprar una vivienda.
A esto hay que añadir el coste de las hipotecas, la evolución de los tipos de interés, la inflación y el resto de gastos asociados a la compra.
El resultado es un mercado en el que existe demanda, pero en el que cada vez menos compradores pueden permitirse los precios que piden los vendedores.
Es una de las preguntas más difíciles de responder.
Los datos actuales no permiten afirmar que vaya a producirse una caída generalizada, pero sí ofrecen algunos indicios que merece la pena seguir.
Si durante los próximos meses continúan moderándose las compraventas, aumenta la oferta disponible y los compradores mantienen una capacidad financiera limitada, será más difícil que los precios continúen creciendo al ritmo actual.
En ese escenario podrían aparecer negociaciones más agresivas y descensos de precios en determinadas zonas y tipos de vivienda.
Pero eso no significa necesariamente que vayamos a repetir el desplome de 2008.
El mercado inmobiliario actual tiene características muy diferentes y, además, existe un problema estructural de oferta en muchas zonas con elevada demanda.
Por eso, probablemente veremos un comportamiento mucho más desigual: zonas donde los precios se estabilizan, otras donde siguen subiendo y determinados mercados donde sí pueden producirse correcciones.
No existe una respuesta universal.
Para quien compra una vivienda como residencia habitual y tiene estabilidad financiera, esperar una pequeña bajada puede no compensar si la vivienda que busca es escasa y los tipos hipotecarios empeoran.
Para un inversor, la situación es diferente. En ese caso resulta fundamental analizar la rentabilidad, el precio de compra, la demanda de alquiler, los gastos, la financiación y las perspectivas de cada mercado concreto.
Lo que probablemente ha quedado atrás es la idea de que cualquier vivienda comprada a cualquier precio terminará siendo una buena inversión simplemente porque “la vivienda siempre sube”.
En un mercado que comienza a mostrar diferencias importantes entre zonas, elegir bien el inmueble puede ser mucho más importante que intentar acertar el momento exacto del mercado.
Los datos de agosto dejan una conclusión bastante clara.
El mercado inmobiliario español empieza a perder velocidad, pero todavía no ha entrado en una fase generalizada de caída de precios.
El crecimiento interanual del 14,9% sigue siendo extraordinariamente elevado, aunque la estabilidad mensual apunta a que la escalada podría estar llegando a una fase de mayor madurez.
Las próximas estadísticas serán especialmente importantes.
Si la estabilización continúa, podríamos estar ante el comienzo de un nuevo escenario inmobiliario en España: menos subidas, mayor negociación y diferencias cada vez mayores entre mercados.
Y quizá esa sea la verdadera noticia.
No que la vivienda haya empezado a bajar, sino que por primera vez en mucho tiempo empiezan a aparecer señales de que los precios podrían haber encontrado un límite.
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